
El mercado inmobiliario comienza a reflejar un cambio profundo en la forma de diseñar viviendas. Según expertos del sector, el interiorismo actual abandona los espacios excesivamente perfectos para apostar por hogares funcionales, personales y habitados.
La tendencia conocida como slow decorating gana protagonismo: se priorizan muebles duraderos, piezas con historia y una decoración que evoluciona con el tiempo en lugar de renovarse constantemente. Los compradores ya no buscan casas “de catálogo”, sino espacios que reflejen identidad y bienestar diario.
Este enfoque está influyendo directamente en la comercialización inmobiliaria, ya que las viviendas con carácter auténtico generan mayor conexión emocional y aceleran la decisión de compra.